La sala de día y el altar

La sala de día y el altar eren elementos comunes en todos los pabellones. La sala de día se ubicaba en la rotonda contigua a la entrada del pabellón. Dotada de grandes ventanales y orientada a mediodía para disfrutar de una buena iluminación natural, Domènech i Montaner la había previsto como un espacio de visita para los pacientes ingresados. Amueblada con sencillez, contenía todo lo necesario para el confort de los pacientes mientras durase su estancia: mesa y silla, mecedoras, plantas para alegrar el ambiente y estoras para regular la luz.

Todos los pabellones de enfermos del Hospital contaban con un altar, que normalmente estaba dedicado al santo que le daba nombre. Allá se celebraba misa y, el día del santo en cuestión (en el caso de San Rafael el 24 de octubre) se decoraba con flores y plantas. Esta práctica continuaba la tradición del antiguo hospital de la Santa Creu, donde cada sala también contaba con su altar. En el caso de la reproducción que se puede ver en la recreación histórica, la figura de San Rafael es la escultura original que había en la época, que ha sido restaurada. Gran parte de los documentos que se pueden leer en la exposición provienen del Archivo Histórico del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau.